El disparo rompió el silencio sepulcral que inundaba la calle, esa era mi señal para entrar en escena, doblo la esquina y veo al objetivo en el suelo, muerto por un disparo, y a mi compañera a su lado fingiendo ser un cadáver.
Recojo las armas y el dinero del suelo. Miro hacia el diente de oro del objetivo: -Lo siento Pedro Navajas, ya no eres útil al nuevo orden reptiliano-.
Me alejo.
♪ La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ♫.
